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  • Morir, eso no se le hace a un gato

    Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

    Llanto y crujir de dientes en la Biblioteca Constante, porque ha muerto Wislawa Szymborska. No somos muy dados en este blog a la necrológica o al panegírico, salvo excepciones muy contadas, pero la dama lo merece y ustedes, que a lo mejor no la conocen, también. Aunque alguno recordará que ya hablamos de ella aquí, nunca sobra insistir un poquito más, para los que ese día no estaban a lo que celebraban. Además, un amable Lector Constante ha enviado un correo pidiendo que se recuerde a la ausente comme il faut, y ya saben ustedes que yo no puedo negarles nada.

    De su biografía no voy a decir ni pío, porque apenas la conozco y porque los que estén interesados tienen a mano la Wikipedia o cualquiera de los mil artículos que se han escrito a la sombra de su ataúd. Sí les traigo una foto, para que vean el simpático aspecto que tenía la señora.

    He mirado otras fotos antes de elegir la que ven y me he alegrado al ver que en todas parecía muy tranquila y muy contenta.  Hay, ya lo hemos comentado alguna vez, cierta tendencia a creer que los poetas son almas sensibles, que lloran por lo efímero de las flores y por el recuerdo de la brisa que refrescó el rostro de Héctor, domador de caballos, mientras caminaba hacia su muerte. No parece que ése fuera el caso de Wislawa Szymborska. A lo mejor sí, a lo mejor apoyaba una lánguida mano sobre una pálida frente y suspiraba por esto y por lo otro, mientras su abuelo movía la cabeza y mascullaba: “A picar piedra te ponía yo, tonta los cojones”. Ya les digo que a mí me parece que pasaba mucho tiempo tranquila y contenta, pero qué sé yo. Ustedes juzgarán cuando lean los poemas que les traigo hoy.

    Sólo tengo un libro suyo, Paisaje con grano de arena, editado por Lumen y traducido por Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski. Por ahí corren otras traducciones y a lo mejor les pongo alguna en los comentarios, porque yo no hablo polaco y seguramente ustedes tampoco, y vale la pena ver más de una versión del mismo poema.

    Yo no sé comentar poesía. De todo lo que estudié en la carrera, me queda bien poco en la cabeza. Sólo sé decir: “Hala, qué bonito”, y gracias. Con la Szymborska, de todas formas, creo yo que no hace falta mucho más, porque todo lo que escribe es tan tierno y tan sencillo como si se lo contara a un niño. Así que, si les parece, yo dejo ahí el poema, ustedes lo leen y todos felices.  Allá vamos, amigos.

    SOBRE LA MUERTE, SIN EXAGERAR

    No sabe encajar una broma,

    no sabe de estrellas, de puentes,

    de tejidos, de minas, de labranza,

    de construir barcos, ni de pastelería.

    Hablamos sobre el día de mañana

    y dice su última palabra

    sin venir nunca al caso.

    Ni siquiera sabe hacer

    las funciones propias de su oficio:

    ni cavar fosas,

    ni clavar ataúdes,

    ni limpiar los despojos que su paso deja.

    Ajetreada con tanto matar,

    lo hace de cualquier modo,

    sin método ni destreza.

    Como si se estrenara con cada uno de nosotros.

    De acuerdo, tiene éxitos,

    pero, ¡cuántos fracasos,

    cuántos golpes fallidos

    e intentonas estériles!

    A veces le faltan fuerzas

    para fulminar a una mosca al vuelo.

    Y más de una oruga la deja atrás

    al arrastrarse en la carrera a más velocidad.

    Todos esos tubérculos, vainas,

    antenas, aletas y branquias,

    plumajes nupciales y pelambres de invierno

    demuestran serios retrasos

    en su penosa labor.

    La mala voluntad no basta,

    y nuestra ayuda a base de guerras y revueltas

    no le resulta por ahora suficiente.

    En los huevos laten corazones.

    Crecen los esqueletos de los recién nacidos.

    Las semillas se visten con sus primeras hojas

    y a veces también con árboles en el horizonte.

    Quien afirma que es todopoderosa

    es, él mismo, prueba viviente

    de que, de todopoderosa, nada.

    No existe vida

    que, aun por un instante,

    no sea inmortal.

    La muerte

    siempre llega con ese instante de retraso.

    En vano golpea con la aldaba

    en la puerta invisible.

    Lo ya vivido

    no se lo puede llevar.

    Para eso es la poesía, ¿saben? También para llorar por las efímeras flores y los guerreros caídos, claro, pero sobre todo para explicar el mundo en términos que, aunque no entendamos del todo bien, entendemos de alguna manera. Dicen por ahí que la poesía, como la música, la llevamos dentro y la reconocemos cuando la oímos.  A lo mejor es cierto. Probemos con otro poema, a ver si nos suena de algo.

    ENCUENTRO INESPERADO

    Somos sumamente corteses el uno con el otro,

    decimos: qué agradable encontrarnos después de tantos años.

    Nuestros tigres beben leche,

    nuestros halcones van a pie.

    Nuestros tiburones se ahogan en el agua.

    Nuestros lobos bostezan frente a jaulas abiertas.

    Nuestras víboras se quedaron sin relámpagos,

    los monos sin inspiración, y los pavos reales sin plumas.

    Los murciélagos renunciaron a nuestros cabellos tiempo ha.

    Sucumbimos al silencio sin acabar la frase,

    sonreímos, sin recursos.

    Nuestros humanos

    no saben qué decirse.

    Ése es otro motivo por el que me gusta Wislawa Szymborska: el uso de los animales en sus poemas. Recuerden que hablamos de una señora que vio un pingüino con meridiana claridad. Venga, otro más. Estamos que lo tiramos.

    AGRADECIMIENTO

    Mucho debo

    a quienes no amo.

    El alivio al enterarme

    que intiman con otros.

    La alegría de no ser

    el lobo de sus corderos.

    En paz estoy con ellos,

    y en libertad,

    dos cosas que el amor no puede dar

    ni sabe tomar.

    No les espero

    yendo y viniendo de la puerta a la ventana.

    Con la paciencia

    de un reloj de sol,

    comprendo

    lo que el amor no comprende,

    perdono

    lo que el amor jamás perdonaría.

    Entre una carta y una cita

    no transcurre la eternidad

    sino sólo días o semanas.

    Los viajes son siempre perfectos a su lado,

    los conciertos se escuchan,

    las catedrales se visitan

    y los paisajes se contemplan.

    Y cuando siete montes y ríos

    nos separan,

    son montes y ríos

    señalados en el mapa.

    Suyo es el mérito

    de poder yo vivir en tres dimensiones,

    en un espacio no lírico y no retórico,

    frente a un horizonte movedizo y, por tanto, real.

    Ignoran

    cuánto me entregan sus manos vacías.

    “Nada les debo”,

    diría el amor

    acerca de tan discutible cuestión.

    Qué manera tan bella y discreta de contar lo que el amor nos hace, así como quien no quiere la cosa, ¿verdad? Me gusta especialmente, por lo que les decía del uso de los animales,  eso de no ser el lobo de sus corderos, y también soy muy fan de los montes y los ríos que, cuando te separan de alguien a quien no amas, son solamente montes y ríos, nombres en un mapa, y no una distancia terrible e infranqueable. Buf. Bien y bravo, Wislawa.

    Venga, tres más y nos volvemos al sofá, que hace un frío polar en la Biblioteca Constante y yo tengo una pila de cosas por leer que mete miedo por la cabeza. Alehop.

    ALLEGRO MA NON TROPPO

    Eres bella —le digo a la vida—,

    imposible imaginarte más exuberante,

    ni más ranil, ni más ruiseñorial,

    ni más hormiguera ni más semillera.

    Intento ganarme su simpatía,

    halagarla, mirarla a los ojos.

    Soy siempre la primera en saludarla

    con expresión de humildad en el rostro.

    Le salgo al paso por la derecha,

    le salgo al paso por la izquierda,

    extasiada la pongo por las nubes,

    y caigo de bruces, fascinada.

    ¡Qué montaraz el saltamontes,

    qué mora la zarzamora!

    Nunca creerlo pudiera

    quien tal prodigio no viera.

    No se me ocurre —le digo a la vida—

    con qué poder compararte.

    Nadie ha hecho nunca otra piña

    ni mejor ni peor apiñada.

    Alabo tu generosidad e ingenio,

    tu grandeza de miras y tu precisión,

    ¿y qué más?, ¿qué más alabo?,

    tu taumaturgia y tu brujería.

    Para no ultrajarla en exceso

    y evitar sus iras y enojos

    desde hace cien milenios

    le doro la píldora sin sonrojo.

    Me acerco y le doy un tirón de hoja:

    ¿se ha detenido?, ¿me ha hecho caso?

    ¿Por una vez, sólo una,

    olvida dar el siguiente paso?

    De nuevo, bien y bravo, Wislawa. Qué manera estupenda de hablar de la muerte al revés, hablando de la vida. Empieza con lo que parece una celebración de lo que es la vida por la vida misma, por lo bellos que son los animales, lo bien pensado que está todo (que dirían Faemino y Cansado), lo prodigioso que es lo cotidiano. Pero hay ya una prisa en el elogio, un inquietante deseo de agradar, que va siendo más urgente cuando llega al ¿qué más, qué más alabo?, y que cristaliza en el último verso, donde nos explican todo lo que hemos leído: ¿no querrá la vida, abstraída en contemplar lo hermosa que es, detenerse ahí, detenerse un instante y no llevarnos a la muerte? Escalofrío y aplauso, Amigos, aunque esto es solamente lo que yo saco de la lectura y, a lo mejor, ustedes lo ven de otra manera. Es lo que tiene la poesía, que no es obligatorio entenderla siempre igual, como ya hemos comentado en alguna ocasión. Siéntanse libres de hablar del asunto en los comentarios, que yo voy copiándoles otro poema.

    DESCUBRIMIENTO

    Creo en un gran descubrimiento.

    Creo en el hombre que hará el descubrimiento.

    Creo en el espanto del hombre que hará el descubrimiento.

    Creo en la palidez de su rostro,

    en su náusea, en el sudor frío en la parte superior del labio.

    Creo en sus apuntes en el fuego,

    del primero al último

    ardiendo en cenizas.

    Creo en la dispersión de las cifras,

    en su dispersión sin remordimiento.

    Creo en la prisa del hombre,

    en la precisión de sus gestos,

    en su libre albedrío.

    Creo en la destrucción de las tablas,

    en el derramamiento de líquidos,

    en la extinción de la llama.

    Sostengo que se conseguirá,

    que no será demasiado tarde,

    y que ocurrirá sin testigos.

    Nadie lo sabrá, seguro,

    ni la esposa, ni la pared,

    ni el pájaro: por si canta.

    Creo en la negativa a participar,

    creo en la carrera arruinada,

    creo en la inutilidad de muchos años de trabajo.

    Creo en el secreto llevado a la tumba.

    Estas palabras planean por encima de las normas.

    No buscan apoyo en ningún ejemplo.

    Mi fe es firme, ciega y carece de fundamento.

    Como queríamos demostrar: no tengo ni puta idea de a qué descubrimiento se refiere la Szymborska, pero no pasa nada. Ella misma dice que esto no se apoya en ningún ejemplo. Me conformo con imaginar eso que me cuenta y me gusta, ese hombre pálido, al que le tiembla el suelo bajo los pies por la fuerza del descubrimiento y que rompe y quema todo lo que había antes. Si tuviera una edición crítica, seguramente sabría algo más, pero ya ven, no me hace falta.

    Total, que acabamos con un último poema. El amable Lector Constante que pidió esta entrada sugirió que así estará Garra Justiciera (que así se llama mi gato) cuando yo haya muerto. Aunque me hizo gracia la imagen, espero que no se cumpla, espero que algún amigo le busque una buena casa, donde le den pienso del caro y jueguen con ella al depredador y la gacela. Yo, de momento, me la llevo al sofá y ustedes pueden leer el poema y seguir con lo que estuvieran haciendo en esta fría y luminosa mañana de sábado.

    UN GATO EN UN PISO VACÍO

    Morir —eso, a un gato, no se le hace.

    Porque, ¿qué puede hacer un gato

    en un piso vacío?

    Subirse por las paredes.

    Restregarse contra los muebles.

    Nada aquí ha cambiado

    pero nada es como antes.

    Nada ha cambiado de sitio,

    pero nada está en su sitio.

    Y la luz sigue apagada al anochecer.

    Se oyen pasos en la escalera

    pero no los esperados.

    Una mano deja pescado en el plato

    y no es, tampoco, la de antes.

    Algo no empieza

    a la hora de siempre.

    Algo no sucede

    según lo establecido.

    Alguien estaba aquí, estaba siempre

    y de repente desapareció

    y se empeña en no estar.

    Se ha buscado ya en los armarios,

    se han recorrido los estantes.

    Se ha comprobado bajo la alfombra.

    Incluso se ha roto la veda

    de esparcir papeles.

    ¿Qué más se puede hacer?

    Dormir y esperar.

    ¡Ay, cuando él regrese,

    ay, cuando aparezca!

    Se enterará de  que ésas no son maneras

    de tratar a un gato.

    Como quien no quiere la cosa,

    habrá que acercársele,

    despacito,

    sobre unas patitas muy, muy ofendidas.

    Y, de entrada, nada de brincos ni maullidos.

    Con esto terminamos, Amigos. Si les ha gustado Wislawa Szymborska, sean generosos con sus placeres y hablen de ella a los que no la conocen. A mí me la descubrió el doctor Borge y algún día le regalaré un queso apestoso y exquisito, por el favor que me hizo. Palabrita de Lector Constante.

    Hale, tengan cuidado ahí fuera, donde nada está en su sitio.

    9 Comments

    1. Patricia
      Escrito el día 5 febrero 2012 a las 2:29 am | Permalink

      Badabing!
      Yo he estado compartiendo estos días este otro:

      CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA

      De cada cien personas,

      las que todo lo saben mejor;
      cincuenta y dos.

      las inseguras de cada paso:
      casi todo el resto.

      las prontas a ayudar,
      siempre que no dure mucho:
      hasta cuarenta y nueve,

      las buenas siempre,
      porque no pueden de otra forma:
      cuatro o quizá cinco,

      las dispuestas a admirar sin envidia:
      dieciocho,

      las que viven continuamente angustiadas
      por algo o por alguien:
      setenta y siete,

      las capaces de ser felices:
      como mucho veintitantas,

      las inofensivas de una en una,
      pero salvajes en grupo:
      más de la mitad seguro,

      las crueles
      cuando las circunstancias obligan:
      eso mejor no saberlo
      ni siquiera aproximadamente,

      las sabias a posteriori:
      no muchas más
      que las sabias a priori,

      las que de la vida no quieren nada más que cosas:
      cuarenta,
      aunque quisiera equivocarme,

      las encorvadas, doloridas
      y sin linterna en lo oscuro:
      ochenta y tres,
      tarde o temprano,

      las dignas de compasión:
      noventa y nueve,

      las mortales:
      cien de cien.
      Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.

    2. Escrito el día 6 febrero 2012 a las 3:37 am | Permalink

      Hala, qué bonito.

      Y:
      GRACIAS.

      :)

    3. Lector Constante
      Escrito el día 10 febrero 2012 a las 3:24 am | Permalink

      Muchas gracias, Patricia. Es un poema muy chulo. Me preguntan vía mail si la Szymborska tiene algo de prosa y la verdad es que no lo sé. Voy a investigarlo y, si encuentro algo interesante, vuelvo y se lo cuento.

      Raquel, de nada. Corra la voz, que la dama lo merece.

    4. saga
      Escrito el día 25 febrero 2012 a las 3:46 pm | Permalink

      O_O

      Es mal olvidar la poesía. Enamorado me he.

    5. Escrito el día 1 abril 2012 a las 1:56 am | Permalink

      Siempre me lo paso tan bien aquí!!

      Gracias por la selección, me ha gustado mucho.

    6. Pilar, Bibi y Carmen
      Escrito el día 9 mayo 2012 a las 1:01 pm | Permalink

      Hola soy una chica de tu club de fans APUF con sede en Siguenza ,después de tantos años nos encantaría cambiar impresiones contigo de tus fantásticos relatos con los que nunca decepcionas. Estamos reagrupando el club y nos encantaría contar contigo.

    7. Escrito el día 10 septiembre 2012 a las 5:52 pm | Permalink

      Me doy mi primera zambullida en esta biblioteca virtual y me gusta, vaya que me gusta. Procuraré regresar pronto.
      Gracias por recordar a Wislawa Szymborska, esta poeta recibió el premio nobel de literatura y en el discurso dijo que lo único que ella decía era que no sabía muchas cosas.
      Ese discurso es una maravilla podéis leerlo en http://territoriosciertosanamariagomez.blogspot.com/2012/07/wislawa-szymborska-aceptacion-del.html
      Saludo a las personas que lean estas letras y les envío un jazmín.
      Ana María – Penélope

    8. Heinz Schmitz
      Escrito el día 11 agosto 2014 a las 9:17 pm | Permalink

      Hello,
      please can you tell me, which person is owner of copyright for this photo on your website:

      Wislawa_Szymborska_Krakow_5628667.jpg

      I would like to ask him to use this photo on my site.
      Please also let me know if there is no copyright in this photo and
      I can use it free.
      I hope you can help me.

      Thank you so much!
      Heinz Schmitz

    9. yo
      Escrito el día 25 abril 2015 a las 10:01 pm | Permalink

      magnífica poeta. sensible, amiga oomo muchos de los animales. Buenísimo también el poena de Patricia

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