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  • Hijo de las eras primitivas

    Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

    Qué alegría volver a verles. Dos rápidos apuntes y vamos al turrón.

    1) Desde que empecé a escribir esta entrada hasta hoy, ha pasado nucho, mucho tiempo. Por alguna razón me vi incapaz de venir a decirles lo que estaba leyendo y lo que ustedes deberían leer. Los placeres fáciles de tumblr y facebook me llamaron con sus cantos de sirena y me abandoné a ellos sin oponer resistencia. Tampoco es que haya ocurrido nada importantísimo durante este tiempo de ausencia: he cambiado de curro unas cuantas veces (tres, concretamente) pero sigo escribiendo esas series que ustedes no ven; me han regalado un cacharro electrónico de ésos para leer, que llevo encima para el metro y el tren, pero sigo leyendo tochos en papel, porque hojear es justo y necesario; los pájaros cantan, las nubes se levantan. Poco más.

    2) Mis buenos amigos Alejandro Monge y Ana Díaz decidieron darle una vuelta al diseño del blog, que ha quedado tan bonito como lo están viendo. Su intención era renovarlo y animarme así a retomar el asunto, como cuando empiezas el curso y tienes cuadernos nuevos y te prometes que esta vez sí, esta vez de verdad, esta vez vas a llevar al día los apuntes y los deberes. Desde noviembre está así de hermoso y yo tocándome la castaña en el sofá. En fin, tarde mejor que nunca. Gracias, Álex y Ana. Sois formidables.

    Y ahora vamos a lo nuestro, si les parece.  Lo que recomiendo hoy es bueno para cualquiera, porque lo bueno no conoce restricciones, pero es especialmente recomendable para los Lectores Constantes que tengan hijos en la preadolescencia y quieran educarlos para superhéroes, no para desgraciados que escupen en el suelo y creen en la homeopatía . El modelo de conducta que les presento hoy es un prehistórico muchachote llamado Rahan. Alehop:

    Rahan, con ese pelazo que le están viendo, era el protagonista del cómic homónimo: Rahan, le fils des ages farouches, lo que vendría a ser Rahan, el hijo de las eras primitivas (aunque farouches es más bien salvajes). Lo editó en los años setenta la editorial Vaillant, y lo firmaban Roger Lécureux, guionista, y André Chéret, dibujante. Cuando era en blanco y negro tenía esta pinta:

    rahan detalle cara blanco y negro

    A España nos lo trajo la editorial Buru Lan, que Alá les dé la paz y la alegría. El Buru es un trocín del apellido de Javier Aramburu, que estaba a los mandos junto con Luis Gasca.  El Lan, ni puta idea. Les sonaría bien, imagino. Como a mitológica ciudad perdida, como a Tarzán en el templo de Buru Lan o algo parecido.

    En la Biblioteca Constante asturiana teníamos un único ejemplar de las aventuras de Rahan: Horda salvaje, que era un tocho que recopilaba varias historias, y que ahora mismo está sobre mi mesa y bajo el culo de Garra Justiciera. Este es:

    No sé quién traducía del francés a nuestro héroe, porque en mis tebeos no figura el dato, pero sigo buscando. Si alguno de ustedes lo sabe, siéntase libre de venir a contárnoslo en la sección de comentarios.

    ¿Y quién es Rahan? Pues un troglodita alto, rubio, de ojos azules y piel blanca, cógete el coño. Leo en esta web que la revista que lo publicaba, Pif, era comunista y que el aspecto ario de Rahan respondía únicamente al deseo de hacerlo diferente de Tarzán, que es su fuente más obvia. Del propio Rahan saldrían más tarde otras copias más o menos disimuladas, una serie de dibujos animados y hasta un proyecto de película, con el desgraciado de Mark Dacascos como protagonista, que nunca llegó a ver la luz.

    El aspecto de Rahan no era lo único que cantaba la Traviata y pasmaba al joven lector: el señor Lecureux se pasaba por la vírgula, con una desvergüenza encantadora, los datos reales que tenemos sobre ese periodo histórico. Aunque, bien pensado… ¿qué periodo era ése?  Repaso mis tebeos y observo que el contexto de Rahan nunca estaba fechado con exactitud. Un épico en los albores de la humanidad bastaba para dar a entender que todavía había megafauna, que los hombres aún no conocían el fuego y que nuestro héroe, más listo y más guapo que el resto, corría peligros sin cuento en una naturaleza bastante hostil.

    No sé si hemos hablado aquí de las etapas de la forja del héroe. Si no lo hemos hecho, otro día lo haremos. Por ahora, básteles saber que en muchas ocasiones, el héroe está marcado como tal desde su nacimiento o incluso antes: hay profecías o suceden portentos y prodigios que son señal de su llegada, como en el mito de Jesucristo o el de los héroes clásicos, donde siempre un augur presagiaba su nacimiento, una princesa soñaba que una antorcha crecía en su vientre y causaría el incendio de la ciudad, una lluvia de estrellas caía a tierra o unos animales parlantes pasmaban a los sencillos campesinos. Esto ocurre así por una razón: el héroe es distinto a los demás, aunque pueda parecer uno de tantos. Algunos muestran ya su diferencia desde niños, como el pequeño Hércules estrangulando a dos serpientes en la cuna, y otros reciben la revelación más adelante, pero el caso es que el héroe no es como los que le rodean y esa diferencia es la causa de su triunfo o de su caída. Otro día abundaremos en esta cuestión.

    La infancia de Rahan está marcada también: sus padres murieron cuando él era un cavernícola chiquitín, atacados por un bicho salvaje, y otro prehistórico señor llamado Crao, jefe de un clan, lo encontró y lo adoptó. Esto es un clásico como un castillo: el niño robado, cambiado o adoptado que crece en un lugar al que no pertenece. Según el mito, unas veces el niño lo sabe (o se lo dejan bien clarito los otros niños, tirándole piedras y llamándole hijo de buitres) y otras veces no, pero se entera al alcanzar la adolescencia, la edad de los descubrimientos. En ambos casos hay siempre una señal de partida, un momento en el que se rompe lo cotidiano y llega la llamada a lo extraordinario. En el caso de Rahan, esta señal es la erupción del volcán bajo el que vive su tribu, que causa la muerte de todo el clan y también la de Crao, su padre, su mentor.

    La muerte del anciano sabio también es un clásico en la formación del héroe. El anciano sabio le acompaña una parte del camino, le da enseñanzas morales o conocimientos que va a necesitar cuando él falte y le encomienda una misión. Si están ustedes pensando en Gandalf, Obi Wan Kenobi o Albus Dumbledore, lo han pillado a la perfección. A veces su muerte y la misión van estrechamente unidas y el héroe debe vengar a su maestro. Otras veces, como en el caso que nos ocupa, el anciano sabio le da al héroe un talismán, un objeto de poder, que necesitará en el transcurso de sus aventuras o que, sencillamente, le recuerda quién es y qué debe hacer. ¿Les suena el ÁURYN de La historia interminable? Pues eso. Antes de morir, Crao le dio a Rahan el collar de garras de oso que llevaba al cuello. Vean:

    Rahan y Crao

    El collar tenía cinco garras y cada garra simbolizaba una virtud de los hombres o, en lengua rahánica, de los que caminan a dos patas: el valor, la lealtad, la generosidad, la tenacidad y la sabiduría (si mi francés no me engaña).  El collar ayudaría a Rahan a mantenerse fiel a esas virtudes hasta que, con el tiempo y una caña, se hiciera merecedor de añadir una sexta garra. La sexta garra, dice la Wiki, la obtuvo después de casarse y simbolizaba la curiosidad.  Esa aventura no llegué a leerla, porque en mi Biblioteca sólo hay tres ejemplares de Rahan, el tocho y otros dos más finitos, y en ninguno de ellos figura. Pero ahora les contaré por qué Rahan merecía esa garra más que ningún otro cavernícola.

    rahan-crao 5vertus

    Rahan prometió a su moribundo padre que se haría digno de llevar su collar y, con estos sencillos valores y su cuchillo de marfil, andaba por la prehistoria haciendo el bien sin mirar a quién, como el Equipo A. Y también como ellos, en cuanto había terminado de desfacer el entuerto, se ponía otra vez en marcha, rumbo a lo desconocido, permitiendo así que los jóvenes lectores pudieran leer cualquier aventura sin haber leído las anteriores y obligando al sufrido guionista a crear nuevos personajes y distintos conflictos.

    La aventura clásica de Rahan, aunque las hay de varios tipos y en un ratín hablaremos de ellos, seguía el siguiente esquema:

    1) Iba Rahan tan tranquilo por el bosque, la llanura, el río o la montaña, cuando le caía encima un bicho de proporciones aterradoras e intenciones muy chungas. Nunca faltaban candidatos. Había gorilas, que también caminaban a dos patas y usaban las otras dos para darle a Rahan hostias como panes,

    había lobos hambrientos de ojos amarillos,

    había leones rugientes,

    había panteras y guepardos, de poderosas garras,

    y había, en fin, tiburones, jabalíes, serpientes, cocodrilos, buitres, rinocerontes y hasta puercoespines, todos dispuestos a hacerle un destrozo a Rahan. Pero lo que de verdad hacía las delicias del joven lector era la megafauna, el bicho extinto, la fiera exótica. Rahan se batía el cobre con lo mejorcito de la prehistoria. Había hermosísimos tigres de dientes de sable,

    membranosos pterodáctilos,

    mamuts peluditos,

    y, por supuesto, estaba nuestro viejo amigo…

    ¡El dinosaurio! ¡El dinosaurio!

    En las peleas, Rahan hablaba de sí mismo en tercera persona: ¡Rahan acabará contigo! o ¡No conseguirás matar a Rahan! eran exabruptos habituales, que el joven lector atesoraba encantado para usarlos en futuras peleas de patio. Por si eso fuera poco, bautizaba a los bichos con estupendos nombres de vaga resonancia prehistórica:  ¡Baha no volverá a devorar a los que caminan a dos patas!, le decía al puma al que acababa de escabechar. ¡Atrás, Wampa! ¡Rahan no se ha entretenido pescando para ti!, le gritaba al pterodáctilo que intentaba robarle sus peces. ¡Rahan no te teme, Taraok!, bramaba frente a un rinoceronte muy cabreado, y así con todos los bichos. Alegría y alborozo.

    Además de cascarse con la agresiva fauna de las eras primitivas, Rahan se  enfrentaba también a la temible tormenta,

    al incendio devastador,

    al húmedo tsunami,

    o a cualquier otra catástrofe natural que le cayera cerca. La cosa es que Rahan tenía muy mal lunes. El enfrentamiento con el bicho asesino o con la plaga bíblica nos lleva al siguiente paso.

    2) Rahan luchaba contra lo que se le plantara delante y, en el proceso, aprendía algo. Eso, amigos, es lo mejor que tiene Rahan: que se fija en las cosas, que está al sopesquete, se queda con la copla, y ahora verán cómo y por qué. El arma de Rahan es su cuchillo de marfil y hay como cien aventuras en las que lo pierde, porque ése es el truco más viejo del mundo para crear un conflicto. ¿Qué tiene tu protagonista, qué valora, qué le importa en esta vida? Quítaselo y a ver qué hace.

    A veces se le enredaba en unas hierbas o se le caía a una grieta profundísima en el suelo. O se lo robaba un mono, o lo clavaba en un ciervo y el ciervo salía por patas, o se lo llevaba un pájaro en el pico, o se le caía al agua… El señor Lecureux, con un ingenio que para mí lo quisiera, ideaba una putada tras otra y el joven lector aprendía a esperarlas. ¿Cómo perderá esta vez Rahan su cuchillo?

    Despojado de su única arma, nuestro héroe se desesperaba. Ahí nos enterábamos de que Rahan era un poco tempranillo: el cuchillo no era suyo, lo había robado en un poblado y era poco probable que le dejaran volver para robar otro.

    Total, que a veces recuperaba el cuchillo y a veces no, y entonces tenía que agarrar lo primero que encontraba, una rama, una piedra o unas lianas para defenderse. Si no tenía cerca nada de eso, observaba el truco del animal con el que se estaba pegando y lo volvía en su contra o usaba a su favor el ardiente sol, el resbaladizo hielo, el cortante viento, la rápida corriente del río… Pero en cuanto había acabado con el bicho, meditaba sobre el asunto. Perder el cuchillo era muy peligroso, así que se hacía una lanza atando el cuchillo a una rama, o despellejaba el rabo de Baghaé, la pantera, y se curraba una fundita para llevar el cuchillo atado a la cintura. O se echaba al hombro la rama que le había servido de pértiga para saltar sobre el rinoceronte. O se llevaba el lazo de lianas con el que había apresado al búfalo.

    En resumen, que Rahan era como el manual de los Jóvenes Castores y por eso, como les decía antes, se ganó la uña de la curiosidad, porque no había aventura de la que no saliera más listo. Destripado el tigre de turno y aprendida la lección, llegaba el siguiente paso.

    3) El encuentro con los que caminan a dos patas. En algunas aventuras, tenía lugar a la vez que la pelea con el bicho. Rahan encontraba a un completo desconocido  (o a una completa desconocida, primitiva pero muy mona) a punto de morir y, sin pensárselo dos veces, corría en su ayuda.

    Observen la longitud estratégica del pelo de la chica, recurso habitual para que el tebeo pudiera exhibirse y venderse junto a los Mortadelos y el joven lector no tuviera que esconderlo entre el colchón y el somier, como los de Sukia. Mientras que Rahan llevaba el mismo taparrabos durante todas sus aventuras y solía mostrarse en (casi) todo su esplendor, ellas lucían una especie de coqueto vestidito de piel, que cubría lo justo y enseñaba lo justo. Pero siempre había excepciones, claro. Ahí tenemos una moza primitiva en peligro y en bikini, obra de Enric Badia Romero:

    O esta otra moza, algo más ligera de pieles. Atentos a la primera viñeta, que se ve carnecita.

    rahan y una chica

    Luego volveremos a la presencia de las mujeres en este tebeo, que es un tema interesante. Ahora, a lo nuestro: Rahan vence al bicho o al contratiempo, lanza su famoso grito tarzanesco (un rahaaaa o incluso un rahaaaan que provocan revuelo de pterodáctilos) y se encuentra con los que caminan a dos patas.  Primera lección para el joven lector: todos los que caminan a dos patas pertenecen a la misma tribu, al mismo clan, y deberían ayudarse unos a otros y no pelear entre ellos. Esto Rahan lo tenía clarísimo y paseaba por la prehistoria saludando alegremente a cada señor peludo que le salía al camino o, como hemos visto, salvándole la vida.

    Los señores peludos, pues unas veces bien y otras fatal, claro, porque algunos eran algo más neandertales que nuestro héroe y, forastero que veían, forastero al que le arrimaban una hostia con una piedra.

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    Otros veneraban al mamut, al rayo o a cualquier prehistórica chorrada y la llegada de Rahan, ateo como un demonio, ofendía a estas temerosas criaturas, con lo que, de nuevo, hostia con una piedra grande, que anda que no había piedras a mano. Otros, sencillamente, envidiaban la fuerza, la inteligencia, el cuchillo o el pelazo de Rahan y…   Ya lo van pillando, ¿no? Total, que  segunda lección para el joven lector: los que caminan a dos patas pueden estar sin romanizar y ser más brutos que un menhir, así que cuidadito y no te fíes de cualquiera.

    La primera reacción de Rahan al ataque era siempre pacífica. Proclamaba el clásico “Vengo en son de paz” a su manera: Los que caminan a dos patas pertenecen a la misma horda y deben ayudarse como hermanos. Tercera lección para el joven lector: intenta resolver las cosas sin llegar a las hostias, que a lo mejor se pueden evitar.

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    Por desgracia, en las eras primitivas el pacifismo era tan desconocido como el champú y a los enemigos de Rahan el discursito les provocaba la risa floja, claro. Total, que caían sobre él como César sobre los galos y ahí llegaba la cuarta parte de la aventura.

    4) La peripecia. Tras el desafortunado encuentro con los que caminan a dos patas, casi siempre nuestro muchacho acababa reducido por su superioridad numérica y maniatado a un poste,

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    arrojado a un pozo,

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    lanzado a un río,

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    abandonado para que fuera pasto de las fieras,

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    o cualquier otra perrería que les ocurriera a esos congéneres tan poco dados al diálogo. Y ahí era donde Rahan demostraba que se había hecho digno de tres garras de su collar. Con valor, tenacidad y sabiduría, escapaba siempre a su mortal destino. Unas veces la única salida era un arriesgadísimo salto o una peligrosísima escalada,

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    pero otras veces la cosa se complicaba y Rahan tenía que ser sabio. Ahí es donde recordaba el truco que había aprendido en la pelea con la fiera que daba comienzo al episodio y lo usaba para salir de apuros.

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    Cuarta lección para el joven lector: mueve el puto culo, amigo. A veces las cosas salen mal y hay que hacer algo al respecto. A llorar a la iglesia.

    Finalmente, como no podía ser de otra manera, nuestro héroe salía triunfante. Conseguía desatarse, escalar la pared de la cueva, agarrarse con fuerza al buitre gigantesco, acuchillar al feroz tiburón con una piedra afilada o usar una larga rama como pértiga para saltar sobre el rinoceronte asesino. Si las cosas iban bien, hasta se daba el lujo de volver a visitar a sus enemigos y decirles: Rahan no os teme o incluso: Rahan es más fuerte y poderoso que vosotros. Aún digo más: en ocasiones volvía únicamente para librar a esa manga de anormales de su temor al sol, al rayo o a la crecida del río, o para enseñarles su truco de pesca, caza o protección frente a las fieras. Porque, y espero que no lo hayan olvidado, Rahan es un héroe y el héroe tiene una misión: ayudar a sus semejantes y hacerlos más listos, más fuertes y mejores homo sapiens. Así nos hacemos dignos de las otras dos garras del collar: la lealtad y la generosidad.

    No todas las aventuras de Rahan siguen este esquema. A veces no comienzan con una pelea y sencillamente Rahan va dando un paseo por ahí y se topa con los que caminan a dos patas. Otras veces ni siquiera: hay una aventura estupenda en un mono le roba el cuchillo y sale huyendo. Rahan lo persigue, pero el bicho se deshace del botín arrojándolo a una grieta en el suelo y, durante todo el capítulo, Rahan se dedica a intentar recuperarlo y maldecir al pariente primate (pero sin hacerle daño, porque Rahan mata solamente para comer o defenderse). Otra aventura que en esta casa nos encantaba era la del bebé. Nuestro héroe se tropezaba con una pantera que llevaba un bebé muy pequeño en la boca y saltaba sobre ella al grito de: ¡Lucha, Baghaé! ¡Será más difícil vencer a Rahan que al hombrecito! Escabechada la pantera, empezaban los problemas. ¿Qué hacer con el hombrecito? Era demasiado pequeño para dejarlo a su suerte, así que Rahan se lo llevaba con él y buscaba a sus padres. Tenía que ingeniárselas para transportarlo, alimentarlo, darle calor y evitar que llorara cuando algún depredador rondaba cerca.Y venga de lecciones para el joven lector: no hagas daño a los animales, protege a los débiles.

    En otras ocasiones encontraba a los que caminan a dos patas, pero no hablaba su idioma. O lo acogían las mujeres pero lo atacaban los hombres, que eran brutos como arados, y Rahan pagaba la hospitalidad de las mujeres obligando a sus hombres a respetarlas como iguales, enseñándonos de paso que el héroe nunca debe ser cruel, xenófobo o machista. Y aparte de tanta valiosa lección para ir por la vida con la cabeza muy alta, las aventuras de Rahan son emocionantes, divertidas y llenas de bichos y de conceptos bien interesantes de la física, como la polea, la palanca, los vasos comunicantes o la refracción de la luz, y es estupendo que los jóvenes lectores lo aprendan en un tebeo y no en un libro de texto que detestarán a muerte.

    Más no puedo decir para convencerles de que echen un ojo a este tebeo portentoso y lo regalen a sus niños. Me despido a lo Rahan y espero volver con ustedes, los que caminan a dos patas, muy pronto.

    Rahan 4

    Tengan cuidado ahí fuera y cuiden de su cuchillo.

     

    7 Comments

    1. Claudio
      Escrito el día 7 marzo 2014 a las 12:31 am | Permalink

      Qué alegría que vuelva al blog.
      Si alguna vez tengo descendencia les haré taparrabos y les regalaré dientes de oso cuando sean valientes y sabios. Y tendrán volúmenes de Rahan a su disposición.

    2. V.A.
      Escrito el día 9 marzo 2014 a las 7:13 am | Permalink

      Al fin de vuelta! :D Soy feliz! Espero que te animes y retomes con más asiduidad el arte de escribir posts aquí, que a mí personalmente me hace mucha ilusión leerte :)

    3. Moskis
      Escrito el día 11 marzo 2014 a las 8:34 am | Permalink

      Preciosa entrada

    4. Escrito el día 25 abril 2014 a las 4:35 am | Permalink

      Un excelente artículo. Muy completo y entretenido. Enhorabuena. Un saludo.

    5. Fernando Gaston Pueyo
      Escrito el día 6 febrero 2015 a las 1:54 pm | Permalink

      Al principio de la rese̱a nombras la editorial Buru Lan. Significa algo asi como Trabajo de cabeza, trabajar con la cabeza: Buru = cabeza; Lan Рtrabajo). Es un buen nombre para una editorial.

    6. Escrito el día 10 abril 2015 a las 10:00 pm | Permalink

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    7. Escrito el día 31 diciembre 2015 a las 2:53 pm | Permalink

      Muchas gracias. Era lo que estaba buscando. Feliz año.

      http://loscomicsdemachete.blogspot.com.ar/2015/12/rahan-horda-salvaje.html

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