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  • Trahn: Dead and buried / 23 octubre 2002

    Una actualización rápida y no autobiográfica, y seguramente carente de interés para la mayoría de ustedes. Ya, ya sé que dije que sólo contaría autobiografía. Bueno, mentí. Arréstenme. Ahí queda eso.

    JOHN JACOB ASTOR IV (13 de julio de 1864 – 15 de abril de 1912)

    John Jacob Astor IV murió en el Titanic. Con él murieron también más de mil quinientas personas, según la información aparecida en la prensa sobre el hundimiento del transatlántico.
    Astor era muy, muy rico. La oficina de correos solía entregarle cartas dirigidas “al hombre más rico del mundo“. Era el nieto y heredero del fundador de la fortuna Astor, amasada en el siglo XIX sobre el comercio de pieles. Era dueño de unas setecientas parcelas de Manhattan y poseía más rascacielos que nadie en los primeros años del siglo XX.
    Astor también ostentaba veinte presidencias de empresas, pero solía votar por poderes, ya que prefería entretenerse con juguetes mecánicos y escribir relatos de ciencia ficción.
    En 1909, Astor puso fin a su desdichado primer matrimonio, que había durado dieciocho años, lo que supuso un gran escándalo, empeorado al casarse dos años después con una joven de dieciocho años (contando él cuarenta y siete). Para huir de las duras críticas sociales, Astor y su joven esposa realizaron un largo viaje por Egipto e Inglaterra. Allí, Madeleine se enteró de que estaba embarazada, y Astor reservó pasajes para Nueva York en el más nuevo y espectacular de todos los transatlánticos, el Titanic.
    Era tal la fama de Astor que, apenas el casco resultó fatalmente destrozado por el iceberg, el capitán le informó en privado del peligro antes de dar la alarma general. Los supervivientes contaron que Astor se portó como un caballero hasta el final. Después de que todas las mujeres y los niños fueron acomodados en los botes salvavidas y todavía parecía quedar sitio en el último bote, Astor saltó a éste y se sentó al lado de su esposa. Pero justo en el momento en que el bote iba a ser bajado al agua, irrumpió en cubierta un grupo de mujeres. Astor se apresuró a abandonar el bote mientras decía: “Las damas primero“. Cuando su mujer intentó seguirle, Astor le ordenó: “Quédate en el bote, te lo ruego“. Encendió un cigarrillo y dijo: “Adiós, querida. Te veré luego“.
    El cadáver de Astor fue rescatado diez días después, con 2.500 dólares en los bolsillos. En agosto, Madeleine alumbró a John Jacob Astor V. Astor había dejado un depósito de cinco millones de dólares para Madeleine, al que ésta renunció al poco tiempo para volver a casarse.

    TYCHO BRAHE (14 de diciembre de 1546 – 24 de octubre de 1601)

    Tycho Brahe era un hombre arrogante. Cuando cursaba sus estudios, no vaciló en batirse con un compañero a causa de un problema matemático. Casi toda la nariz de Brahe acabó rebanada en aquel combate, y durante el resto de su vida exhibió una reluciente funda de plata y oro.
    Gracias a la fama de que gozaba como astrónomo, Brahe persuadió al rey de Dinamarca para que le construyese un enorme observatorio en Hveen, una isla cerca de Copenhague, pero su carácter no era el más adecuado para doblegarse a las triquiñuelas políticas necesarias para financiar sus estudios. Todo el mundo -funcionarios reales, estudiantes de Brahe y otros habitantes de la isla- consideraba que el brillante buscador de estrellas era demasiado arrogante y despótico.
    En consecuencia, no es de extrañar que Brahe propiciara la situación que conduciría a su muerte. En 1601, Brahe vivía cerca de Praga, donde se había trasladado tras haber caído en desgracia ante el sucesor del soberano danés. El 13 de octubre estaba invitado a cenar en casa de un barón. Brahe había tenido problemas de vejiga, pero aquella noche no tuvo la precaución de orinar antes de que comenzara la cena, y empezó a beber copiosamente. En aquella época, habría sido un terrible insulto abandonar la mesa antes de que el banquete terminara. Brahe había decidido comportarse como un caballero, y por tanto permaneció sentado hasta que su vejiga estalló. Tuvo que soportar atroces dolores durante once días, hasta que murió.

    JEREMY BENTHAM (15 de febrero de 1748 – 6 de junio de 1832)

    Bentham fue el padre del utilitarismo, la idea de que el hombre tiene propensión al placer y al bien, y contra el dolor y el mal. Escribió casi un millón de palabras (sobre todo ensayos), y casi otro millón que no llegarían a ser publicadas.
    Cuando Bentham no encontraba las palabras que describieran exactamente sus pensamientos, inventaba otras nuevas. De todos sus neologismos, el que tuvo más éxito fue “internacional“. Mucho más fugaz fue el término “autoicono“, relacionado con la ocurrencia de conservar los cadáveres como si fueran estatuas. Bentham pasó sus últimos meses escribiendo y revisando un ensayo titulado “Autoicono, o los usos de los muertos para los vivos“. Entre otras cosas, escribió: “Si un caballero rural tiene hileras de árboles que se extienden hasta su mansión, los autoiconos de su familia pueden alternar con los árboles; un barniz copal protegería el rostro de los efectos de la lluvia“.
    Bentham hizo cuanto pudo por asegurar su futuro postmortem. Por expreso deseo del difunto, sus amigos se reunieron con doctores y estudiantes de medicina en la Escuela de Anatomía de Webb Street, tres días después del fallecimiento. El cuerpo de Bentham, vestido con su camisa de dormir, yacía en la mesa de disección. Allí, mientras la tormenta iluminaba el rostro de Bentham con la luz de los relámpagos, su médico pronunció un panegírico. A continuación, diseccionó el cadáver de Bentham ante los ojos de amigos y médicos.
    Además de ser un extraño funeral, el acontecimiento fue también un acto de protesta política, como Bentham pretendía. En aquella época, los únicos cadáveres que se diseccionaban para que practicasen los estudiantes de medicina, eran los de criminales ejecutados. La disección estaba considerada como un castigo más, una vez ejecutado el convicto.
    Por desgracia, no se cumplió el último deseo de Bentham de ser plantado, a guisa de árbol, “en el camino de entrada a la mansión de un caballero rural“. En lugar de ello, su esqueleto está sentado en el interior de una vitrina, en un pasillo del University College en Londres, vestido con su propia ropa y empuñando su bastón de paseo favorito. El único cambio lo decidieron los funcionarios, quienes pensaron que la cabeza de Bentham tenía un aspecto demasiado desagradable después de la disección, de forma que fue sustituída por una reproducción en cera. Hasta la fecha, el autoicono de Bentham es sacado de su silla con ocasión de las reuniones utilitaristas de los benthamistas.

    Hale, eso es todo. No se quejen, nunca viene mal un poco de cultura necrófila para epatar en las reuniones de la comunidad de vecinos. Todo esto y mucho más, puede encontrarse en el libro “Así murieron“, de Malcolm Forbes y Jeff Bloch. Contiene más de un error, pero es interesante.
    Tengan cuidado ahí fuera.
    Trahn.

    Un comentario

    1. Daniel
      Escrito el día 9 julio 2007 a las 5:10 am | Permalink

      Me parecen interesantes tus apreciaciones y el dar a conocer notas sobre diferentes personajes.
      Te felicito.

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