• Categorías
  • Quedarán los sarracenos

    Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

    Una rápida entrada para actualizar de un tirón tres secciones. Obvio las excusas por el retraso y la escasísima constancia; algunos de nosotros sufrimos en la infancia la amputación traumática de la disciplina, y con eso tenemos que vivir, contentos o resignados. Hale, al asunto.

    La recomendación de hoy la escribió este señor:

    Lord Dunsany
    Lord Dunsany, c. 1943, Art Photo Service; frontispiece, While the Sirens Slept (London: Hutchinson & Co., 1944)

    Es decir, el caballero Edward John Moreton Drax Plunkett, el decimoctavo Barón Dunsany. Los fans irredentos del señor Lovecraft ya habrán oído hablar antes de este señor, al que el amigo H. P. consideraba maestro de maestros y poco menos que Yuggoth reencarnado. Para el resto de los Amigos Lectores, los que han permanecido impermeables a la corriente de fanatismo lovecraftiano, va el apunte biográfico que sigue. Una cosa breve, porque yo tengo que irme al Escorial y porque ustedes ya saben buscar solitos estas cosas.

    Lord Dunsany nació en 1878, en un castillo irlandés. Su padre, además de a las cosas propias de la aristocracia, se dedicaba a la ingeniería: inventó un aparato de rayos X e instaló el primer tendido telefónico que hubo en Irlanda, seguramente para contarles a los amigos lo bonito que le había quedado el cacharro de rayos X. Cuando murió, nuestro muchacho heredó el título e ingresó en el club de los escritores que llevan un Lord delante del nombre, tal que Byron o Tennyson.

    El joven Lord Dunsany había estudiado, como otros jóvenes de noble cuna, en Eton y Sandhurst, y era, por lo visto, un tocho de tío, deportista, cazador y buen jugador de ajedrez. Estupendas cualidades que no le impidieron obtener el poco grato título de hombre peor vestido de Irlanda. En la foto no parece para tanto, ¿verdad?

    El tiempo se nos echa encima, así que voy a ahorrarles los detallitos, porque tampoco es que haya tanto en lo que detenerse. Dunsany se casó, se fue a la guerra un par de veces y viajó bastante. Ya saben, lo propio de la época: a Sudáfrica por la cosa de los Bóers, a Flandes por la Primera Guerra, a la India a cazar esto, al África profunda a cazar esto otro, a Grecia porque los caballeros británicos le tienen cariño, a los Estados Unidos a dar conferencias…

    Entre guerra y safari le dio tiempo a escribir un poco de todo. Escribió cuentos de fantasía oriental, piezas teatrales (que fueron un exitazo, oiga), ensayos, poesía y novelas. Una de ellas, por cierto, está ambientada en el Renacimiento español, pero no la he leído, así que no sé si salimos toreando con sombreros mejicanos y degollando a nuestras novias por un quítame allá ese amante. Si algún Lector Constante le ha echado un vistazo y quiere compartir ese conocimiento, ahí tiene la opción de los comentarios.

    El ramalazo exótico, de todas formas, fue eso: un ramalazo. Con el tiempo dejó tranquilos a los países de fuera y tiró hacia el terruño irlandés, tan rico en asuntos feéricos, fantasmagóricos y mitológicos. Fue profesor en Atenas, tuvo que dejarlo cuando empezaron a llegar germanos con muy malas intenciones y siguió escribiendo hasta que murió. Me gustaría poder decirles que palmó de una fiebre rarísima del pantano, o que se lo llevó por delante un león africano, por aquello de cerrar con broche de oro, pero no va a poder ser: una apendicitis mal curada lo mandó a dormir con sus padres o, como dicen los franceses, a endulzar las fresas (desde abajo, se entiende).

    Y ahora que ya sabemos todo lo que hay que saber sobre el caballero, acomódense a leer dos de sus cuentos. Son cortos y son estupendos, y están extraídos de En el país del tiempo, antología editada por Siruela en 1988, en su colección El ojo sin párpado. Casi todo lo que hay en esa colección merece por lo menos un vistazo, así que no duden en comprarlos donde los encuentren, que están muy buscaditos.

    El traductor de estos cuentos es Francisco Torres Oliver. La portada de esta edición no puedo enseñársela, porque mi cámara se niega tercamente a funcionar, pero es otra muestra del buen hacer de Siruela en estas cosillas. Va ilustrada con una obra del pintor lituano Mikalojus Konstantinas Ciurlionis, que era también músico, pobre como una rata y propenso a las crisis mentales. Murió de una de ellas a los treinta y tres años, dejando cuadros curiosísimos y bastante bellos, como el que ha usado Siruela para la sobrecubierta de En el país del tiempo. Véanlo:

    Sagitario
    Sagitario, del ciclo Los signos del Zodiaco.

    Bello, ¿verdad? Pues hale, a leer los cuentos.

    ***

    LA TORRE VIGÍA

    Un día de abril, en Provenza, me hallaba sentado en una colina que dominaba un antiguo pueblo al que godos y vándalos han impedido su “puesta al día”.

    En lo alto de la colina había un castillo viejo y derruido con una torre vigía, y un pozo de estrechos escalones en el que aún había agua.

    La torre, que miraba hacia el mediodía con sus aspilleras descuidadas, tenía ante sí un ancho valle inundado por la luz apacible del crepúsculo y el murmullo de las criaturas del anochecer: observaba parpadear las hogueras de los vagabundos en las colinas, el bosque largo y negro de pinos, detrás, una estrella recién aparecida, y la oscuridad que se remansaba lentamente sobre el Var.

    Y escuchando el croar de las ranas, oyendo claramente a lo lejos, aunque transmutadas por el atardecer, mirando cómo se encendían unas tras otras las ventanas del pueblo y cómo oscurecía solemnemente el crepúsculo, se le iban a uno del pensamiento muchas cosas que parecían importantes durante el día, y la noche infundía extrañas figuraciones en su lugar.

    Se habían levantado pequeñas brisas que susurraban aquí y allá; empezaba a refrescar. Y me disponía a bajar de la colina, cuando oí una voz detrás de mí que decía: “Cuidado, cuidado”.

    Hasta tal punto me pareció que la voz formaba parte de la oscuridad creciente que no me volví en seguida; era como esas voces que uno oye dormido y cree que pertenecen a su sueño. Y volvió a repetir monótona la misma palabra, en francés.

    Al volverme, descubrí a un viejo con un cuerno. Tenía una barba blanca, asombrosamente larga; y aún seguía repitiendo, despacio: “Cuidado, cuidado”. Evidentemente, acababa de salir de la torre, junto a la cual estaba detenido, aunque yo no había oído pasos de ninguna clase. De habérseme acercado un hombre en silencio, a semejante hora y en aquel paraje solitario, me habría asustado; pero casi en seguida vi que era un espíritu; y con su tosco cuerno y su larga barba blanca y su paso sigiloso parecía tan natural en aquel momento y lugar que le hablé como quien habla con un compañero de viaje que le pide que suba el cristal de la ventanilla.

    Le pregunté de qué había que tener cuidado.

    –¿De qué va a ser –dijo–, sino de los sarracenos?

    –¿De los sarracenos? –dije.

    –Sí, de los sarracenos, de los sarracenos –contestó, y blandió el cuerno.

    –¿Y quién es usted? –dije.

    –Yo soy el espíritu de la torre –dijo.

    Cuando le pregunté cómo era que andaba con un aspecto tan humano y tan distinto de la torre material que tenía junto a él, contestó que las vidas de todos los vigías que habían tenido el cuerno en la torre habían pasado a formar parte del espíritu de la torre. “Supone un centenar de vidas –dijo–. Nadie se hace cargo del cuerno últimamente, y tienen abandonada la torre. Cuando las murallas se encuentran en tan mal estado, vienen los sarracenos: siempre ocurre así”.

    –Hoy en día ya no vienen sarracenos –dije.

    Pero miraba por encima de mí, concentrado, y no pareció enterarse de lo que yo le decía.

    –Bajarán por esas colinas –dijo, señalando hacia el mediodía–, saldrán de aquel bosque al anochecer, y yo tocaré el cuerno. La gente del pueblo acudirá a la torre otra vez; pero las aspilleras están en muy mal estado.

    –Ya no tenemos noticias de los sarracenos, hoy en día –dije.

    –¡Noticias de los sarracenos! –dijo el viejo espíritu–. ¡Noticias de los sarracenos! Una noche saldrán en silencio de aquel bosque, con los largos vestidos blancos que llevan, y yo haré sonar mi cuerno. Ésa es la primera noticia que se tiene de los sarracenos.

    –Yo me refiero –dije– a que no vienen ya. No pueden venir, y los hombres tienen miedo de otras cosas.

    Porque pensé que quizá descansaría el viejo espíritu, si se enteraba de que los sarracenos no podían volver. Pero dijo: “No hay nada en el mundo de lo que se pueda tener miedo, salvo de los sarracenos. Lo demás no tiene importancia. ¿Cómo van a tener miedo los hombres de otras cosas?”.

    Entonces me puse a explicárselo, para que pudiese descansar; le dije que toda Europa, y Francia en especial, poseía terribles ingenios de guerra, en tierra y en el mar; y que los sarracenos no tenían ingenios así ni en tierra ni en el mar, por lo que de ningún modo podían cruzar el Mediterráneo, o librarse de ser destruidos en la costa, en caso de que llegasen hasta allí. Hice alusión a los ferrocarriles europeos, que podían trasladar ejércitos, de día o de noche, más deprisa de lo que podían galopar los caballos. Y cuando se lo hube explicado lo mejor que pude, contestó: “Con el tiempo, todas esas cosas pasarán, y quedarán los sarracenos”.

    Y entonces le dije: “Hace más de cuatrocientos años que no hay sarracenos en Francia ni en España”.

    Y dijo él: “¡Los sarracenos! Tú no conoces su astucia. Ésa ha sido siempre su táctica. No vienen durante un tiempo, durante mucho tiempo; y luego, un día, se presentan”.

    Y atisbando hacia mediodía, pero sin ver claramente a causa de la niebla creciente, regresó en silencio a su torre, y subió por sus rotos peldaños.

    ***

    EL HOMBRE DE LOS PENDIENTES DE ORO

    Puede que haya soñado esto. Pero es lo cierto, al menos, que me alejé del ajetreo de la ciudad, llegué a los muelles, vi sus embarcaderos, que bajaban empinados y verdes de limo hasta el agua, el discurrir del río ancho y gris, con todas las cosas perdidas que arrastraba con él girando y girando, y pensé en las naciones y en el Tiempo implacable; y contemplé y me maravillaron los barcos majestuosos recién llegados de altamar.

    Fue entonces, si no me equivoco, cuando descubrí, apoyado en la pared, de cara a los barcos, a un hombre con pendientes de oro. Su piel tenía el color moreno de los hombres del sur; el pelo negro de su bigote estaba un poco blanqueado por la sal; llevaba una chaquetilla azul marino, como la que visten los marineros, y las botas altas de los navegantes; pero la mirada de sus ojos iba más allá de los barcos: parecía observar cosas muy lejanas.

    Ni siquiera cuando le hablé volvió sus ojos a la realidad, sino que me contestó como en sueños, con aquella misma mirada fija, como si sus pensamientos se meciesen en mares solitarios y remotos. Le pregunté en qué barco había llegado, ya que había muchos. Había allí barcos de vela, con las velas todas aferradas y sus mástiles enhiestos, inmóviles como un bosque invernal; había vapores, y grandes paquebotes, exhalando humo perezosamente en el crepúsculo. Me contestó que no había llegado en ninguno. Le pregunté en qué compañía trabajaba, porque se veía claramente que era hombre de mar; le enumeré las más nombradas, pero dijo que no las conocía. Entonces le pregunté dónde trabajaba y qué era. Y dijo: “Trabajo en el Mar de los Sargazos, y soy el último de los piratas; el último que queda vivo”. Le estreché la mano no sé cuántas veces. Le dije: “Temíamos que habría muerto. Temíamos que habría muerto”. Y él respondió con tristeza: “No. No; he pecado demasiado intensamente en los mares españoles: no se me permite morir”.

    ***

    ¿Les han gustado? Pues ya saben, a buscar más. La edición que tengo delante (gracias, Sepulcravo, por el préstamo) es una selección muy razonable. Su traductor la divide en dos bloques. Negrita y cursiva, mías.

    ***
    “(…) El primero comprende Los dioses de Pegana (1905) y ocho cuentos de Time and the Gods (1906); forman una secuencia más o menos coherente, y giran en torno al origen de los dioses y a la creación de “los mundos”. Ambos temas ejercieron una poderosa fascinación en lord Dunsany, sobre todo al principio; y no tardaron la magia y el misterio de sus visiones cosmogónicas en influir considerablemente en cierto número de escritores, cuyos relatos se tiñeron en seguida de matices dunsanianos. Cómo no recordar, aquí, el caso llamativo de Lovecraft.

    El segundo apartado, Los espectros, contiene diecinueve cuentos: cuatro pertenecen a The Sword of Welleran (1908), dos a The Book of Wonder (1912), dos a Fifty-One Tales (1914), siete a Tales of Wonder (1916), y cuatro a Tales of Three Hemispheres (1919).

    ***

    Si quieren mi opinión, olvídense tranquilamente de la parte de los dioses y vayan a por lo bueno, que son los cuentos. Consejo éste que les animo a desoír si ustedes gustan de las falsas mitologías; a mí me parece que los griegos ya contaron lo mismo de mejor manera. Y además, creo que escribir falsas mitologías y falsos mundos fantásticos es fácil. Hmpf.
    Volviendo al tema de los cuentos, recomiendo con las tripas Los tres chistes infernales, que es un relato sobre un tipo que compra tres chistes que matan de risa, literalmente, a todo el que los oiga. Les copio el contrato que firmó el fulano, y hasta aquí puedo leer:

    ***

    Yo… en pago por los tres nuevos chistes recibidos del señor Montagu-Montague, que en adelante se llamará el agente, y su autorización para exponerlos y contarlos, le cedo, entrego, otorgo y pongo a su disposición, todos los reconocimientos, emolumentos, gratificaciones o recompensas a mí debidas, Aquí o en Otro Lugar, a cuenta de la siguiente virtud, a saber: que todas las mujeres son para mí igual de feas“.

    ***

    Y ahora díganme, si pueden, que no les apetece leerlo. Ja.

    Tengan cuidado ahí fuera, porque se acercan los sarracenos.

    27 Comments

    1. Escrito el día 4 abril 2007 a las 3:14 pm | Permalink

      Jeje, me das más miedo que los sarracenos cuando te paseas entre mis estantes.
      Recuerdo que me gustaba especialmente cierto relato en “los espectros” sobre tres chistes mortales que el sufrido protagonista conocía para desgracia de sus agonizantes contertulios. Mucho mejor esa recopilacioncilla que los dioses de Pangea, dónde va a parar.

    2. Escrito el día 4 abril 2007 a las 3:28 pm | Permalink

      Pues ése es el que recomiendo con las tripas, hombre, Los tres chistes infernales. Por cierto, que le devuelvo su libro cuando quiera, ¿eh?. Lo retuve solamente para escribir la reseña, lo juro. Lará, larito.

      Tenga cuidado ahí fuera, donde la mano es más rápida que el ojo.
      Lector Constante.

    3. Urizen
      Escrito el día 14 abril 2007 a las 3:44 am | Permalink

      El libro de Dunsany que te refieres que esta ambientado en el renacimiento español debe ser “El crepusculo de la magia” editado por martinez roca hace ya bastantes años en su coleccion de fantasia. Aunque lo unico español que tiene son los nombres de los protagonistas y alguna localizacion. Por lo demas es una novela bastante amena, aunque sigo prefiriendo sus cuentos, mucho mas cortos en extension y mas intensos. Te recomiendo “el pobre bill”,”la ciudad ociosa”, “Blagdaross” y sobretodo “Donde suben y bajan las mareas”. ;)

      Nos vemos.

    4. Escrito el día 17 abril 2007 a las 10:59 am | Permalink

      ¡Telepatía! Hemos hablado de Lovecraft y sus raíces a la vez.

    5. Escrito el día 24 abril 2007 a las 12:56 pm | Permalink

      Enjundia a mares. Tú sí que apadrinas palabras en desuso. Admirada estoy. Me declaro fan, a bote pronto.
      See you!

    6. Escrito el día 27 abril 2007 a las 12:44 pm | Permalink

      No sabes qué alegría reencontrarte. Entre esto y que viene un puente, no quepo en mí de gozo. Tendré que buscar otro cuerpo para abrir una franquicia o algo…

    7. Escrito el día 30 abril 2007 a las 1:33 am | Permalink

      Dunsany es un escritor diferente. No solo porque entre las mil y una noches y sus relatos Lovecraft creara la base de su obra, sino por su capacidad para narrar sutileza y talento.

      Además de “El crepusculo de la magia” tiene otra novela más importante situada en España “Don rodrigo” – Tambien traducida como Don Rodriguez y el valle de las sombras. En ella hace un retrato de una España conocida atraves del Quijote, el buscón y el Mio Cid. Nos pone bien, aunque es todo idealización.

      De sus relatos más famosos seria interesante leer “Dias de ocio en el pais del Yann” “La espada de Weleran” o mi favorito “Bethmoora”

      Por cierto, si teneis cinco minutos y quereis leer este último, podeis hallarlo, por ejemplo, aquí…

      http://www.letrasperdidas.galeon.com/letrasperdidas/consagrados/c_dunsany11.htm

    8. Escrito el día 30 abril 2007 a las 12:59 pm | Permalink

      Entre sarracenos y piratas te agradezco las recomendaciones. Saludos

    9. Escrito el día 4 mayo 2007 a las 10:05 pm | Permalink

      Querida lectora constante:
      me alegro mucho de su vuelta, que ya empezamos a parecernos al Guadiana.
      Además de dicho regreso nos brinda un hermosísimo artículo sobre Dunsany, que maravilloso escritor.
      Seguiré su recomendación de leer más sobre él y de él, pero, desgraciadamente, no se encuentran muchos libros en venta.
      Por cierto, los sarracenos ya están volviendo y los tenemos entre nosotros.
      Espero el suyo próximo.
      Hasta entonces le saluda,
      José

    10. Escrito el día 6 mayo 2007 a las 5:58 pm | Permalink

      Hips. Hola. Hips. Me ha encantao, gracias. Hips.

    11. Escrito el día 8 mayo 2007 a las 9:03 pm | Permalink

      Emoción. Vuelve usted por fin ¡Y nada menos que con Lord Dunsany!
      En serio; ponga mucho cuidado en El Escorial, no vayan a hacerle el signo de Mung, por detrás y por sorpresa.

      Cuídese mucho y muchas, muchas gracias.

    12. Escrito el día 10 mayo 2007 a las 9:01 pm | Permalink

      Gracias a todos los Amigos y Desconocidos Lectores Constantes por su visita y sus comentarios.

      Tengan cuidado ahí fuera, donde constante es el lector como largo el día.

    13. Escrito el día 4 junio 2007 a las 1:14 am | Permalink

      Qué alegría toparme con Lord Dunsany por aquí. Dos relatos deliciosos, sobre todo el de los sarracenos, lleno de misterio, que vienen a recordarme, además, mi imperdonable negligencia al descuidar al maestro. Es para releerlo y empaparse.

    14. Isma
      Escrito el día 4 junio 2007 a las 9:36 pm | Permalink

      Mira, en esta tira cómica hacen referencia al libro ese T.H. White del que hablaste. Además a mi me parece un buen chiste…

      La pelicula de Disney “Merlín el encantador” esta inspirada, como poco, en ese libro, ¿no?

      Te leía cuando escribías el blog de trahn, pero los de en medio me los perdí. Y me encanta lo que escribes. Espero que sigas actualizando aunque sea con calmita.
      ¡Un saludo!

    15. Isma
      Escrito el día 4 junio 2007 a las 9:39 pm | Permalink

      jojojo vaya cagada de comentario me he marcado! Yo que queria epatar y solo he hecho que demostrar mi estulticia!

    16. JVML
      Escrito el día 7 junio 2007 a las 3:43 pm | Permalink

      ¡Qué poco dura la alegría en casa del pobre, como decían antes! Nos tienes abandonados desde los tiempos de los sarracenos. ¿De nuevo siete años de vacas flacas?.
      Un impaciente (y hambriento).

    17. Escrito el día 7 junio 2007 a las 10:48 pm | Permalink

      Paciencia, amigos. El Lector Constante está currando como si no hubiera un Dios justiciero. Que a lo mejor no lo hay, porque si lo hubiera, el hijo de perra de mi jefe ya tendría seca la mano derecha y pegada la lengua al paladar.

      Estaré pronto con ustedes y les contaré todo lo que estoy leyendo, que es mucho y muy, muy bueno.

      Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde no cae la lluvia de azufre ni a tiros.

    18. Escrito el día 16 junio 2007 a las 8:47 pm | Permalink

      Que cosa mas curiosa. “En el pais del tiempo” es mi libro favorito, pero cuesta MUCHISIMO encontrar un ejemplar. No te lo puedes imaginar. Y por la ilustracion de portada, veo que tienes el mismo que yo. Cuidalo!

      Yo habria pusto un extracto de alguno de los ¿relatos? de los Dioses de Pegana, para mi una obra maestra.

      Una vez, recorriendo Mung la tierra y sus ciudades y llanuras, topo con un hombre que se asusto cuando le dijo: “¡Yo soy Mung!”
      Y dijo Mung “¿Acaso te fueron insoportables los cuarenta millones de años anteriores a tu venida?”
      Y dijo Mung “¡No menos insoportables te van a ser los cuarenta millones de años que vendran despues!”
      Entonces hizo Mung el signo de Mung contra el, y la Vida del hombre dejo de estar atada de pies y manos.
      Al final del vuelo de la saeta esta Mung, asi como en las moradas y ciudades de los Hombres. Mung camina por todos los lugares y en todos los tiempos. Pero casi siempre prefiere hacerlo en la oscuridad y el silencio, envuelto en las brumas de los rios, cuando el viento se ha calmado, poco antes de que la noche se cruce con la madrugada en el camino que hay entre Pegana y los Mundos.
      A veces Mung entra en casa del pobre; tambien se inclina profundamente ante el Rey. Entonces hace que las vidas del pobre y del Rey viajen entre los Mundos.
      Y dijo Mung: “Muchas son las vueltas que tiene el camino que Kib ha asignado a cad hombre sobre la tierra. Detras de una de esas vueltas acecha Mung”.

    19. Escrito el día 16 junio 2007 a las 8:53 pm | Permalink

      Oye… ¿Eres saga?

    20. Escrito el día 17 junio 2007 a las 11:28 am | Permalink

      Gracias por su comentario. Desgraciadamente, no tengo “En el país del tiempo”. Me lo prestaron para la reseña y, consciente de que está más buscado que Jimmy Hoffa, lo devolví cuando terminé esta entrada.

      Tengo, eso sí, “En los confines del tiempo”, también editado por Siruela en la colección El ojo sin párpado. Si algún día se animan a reeditarlos todos, nos harán muy felices a los Lectores Constantes.

      Y no soy saga, no, pero felicítese por su buen olfato, porque el diseño y el mantenimiento de la página son obra de ella. También la iniciativa de registrar el dominio y de explicarme con tremenda paciencia hasta las operaciones más sencillas.

      Tenga cuidado ahí fuera, donde el hombre hace a los dioses a su imagen y semejanza.

    21. Escrito el día 17 junio 2007 a las 12:42 pm | Permalink

      En los confines del tiempo lo tengo en versión digital. Yo pude conseguir “En el país del tiempo” en fotocopias en la era pre-internet. Me costó unos 5 o 6 años conseguir un original. La persona que me lo regalo tenia 5 ejemplares en su libreria. Simplemente cogio uno, me lo dedico y me lo dio como si fuera una galleta.

      Daria un pie y parte del bazo por que me dejaran vivir en esa biblioteca durante un mes.

      Que Mung no haga su signo sobre ti.

    22. Urizen
      Escrito el día 20 junio 2007 a las 11:59 pm | Permalink

      mmmm, no se si esto estara dentro de la legalidad, pero si a alguno le interesa vean este enlace:

      http://www.edicionesdelsur.com/cuentosdunsany.htm

      Al parecer es una edicion digital de sus cuentos.
      Que la disfruten.

    23. Escrito el día 21 junio 2007 a las 12:42 am | Permalink

      Muchas gracias, oh el más urizénido entre los urizénidos, por el enlace que nos trae. Amigos y Desconocidos Lectores Constantes, no pierdan más tiempo e incumplan tranquilamente lo que dispone la ley para estos casos.

      Y tengan cuidado ahí fuera, donde los libros no tienen dueño.

    24. Escrito el día 21 junio 2007 a las 10:54 am | Permalink

      Esta ausencia se hace más larga que un día sin pan…

    25. Rosario
      Escrito el día 23 junio 2007 a las 4:51 pm | Permalink

      Buenas Lector Constante!

      Debe de ser difícil llevar una vida en la que se está todo el tiempo leyendo, no? El asunto como mínimo es temerario, porque cruzar sin apartar los ojos del libro debe ser una proeza de supervivencia.

      Bueno, el objeto de este mail es presentar mi primer libro “Intrusismo Literario y algún enigma…”, se trata de un poemario y unos relatos cortos con alguna sorpresilla.

      Me encantaría que lo leyera y que me diera su opinión, ya que una crítica es algo que un escritos debe agracer siempre, es una de las maneras que existen para poder mejorar. Con este fin lo he publicado en una web donde la descarga es gratuita: http://www.lulu.com/content/837432

      Espero que disfrute de la lectura tanto como yo lo he hecho mientras lo escribía.

      Gracias por su tiempo,

      Rosario Martínez
      La Intrusa Literaria

      PD: Yo hubiera preferido enviar esto por mail pero no ha habido forma. Lo siento…

    26. Escrito el día 23 junio 2007 a las 9:15 pm | Permalink

      …pero cuándo volverá la constancia de leerle?

    27. Escrito el día 26 julio 2007 a las 6:01 pm | Permalink

      Me diverti a leer los parrafos que dejaste. Anda, me avisas cuando escribas una novela.

      Saludos!

      Diego

    Deja un comentario

    Tu email permanecerá privado Los campos obligatorios están marcados con *

    *
    *

    ARCHIVOS